Cuando la muerte gima muerte (II)

He oído que los tanques que apisonan vuestra tierra se excitan cuando su armígero dios les susurra al oído infanticidio, y que son americanos. Que las nubes que oscurecen vuestro cielo manan de las vísceras de uno de tantos perjuros, de uno que gusta de hacerse llamar William Pete, y que son americanas. O rusas. O nuestras. Que cuando llueven, corrompen con su insondable abyección las pétreas efigies arcaicas, y que éstas se yerguen impertérritas mientras su pueblo apenas alcanza a arrastrarse en sus propias heces. Mientras se ahoga en su propio vómito. Y que alguien se folló tan brutalmente la libertad que esta prefirió inmolarse sobre las yermas arenas del desierto antes que ser lapidada por su condición de mujer y violada, que los ojos de un niño fulgieron ilusos al accionar la metralla. Soy un hombre, seré un héroe.

Que el Nilo no corra ensangrentado en vano, que la muerte de Damasco sea algo más que un sinsentido, que tragedia y barbarie sean enxiemplo contra tragedia y barbarie, inyectemos el sarín en vena a la tradición kamikaze de la que mama el pueblo del naciente, antes de escupirles misiles a la cara. Que ni héroes ni cobardes, nunca más.

No hemos aprendido nada. No aprenderemos nunca. Cuando la muerte gima muerte, cuando los vientos del saliente silben agónicos las arpaduras del tercer invierno del mundo, la muerte en vida seguirá su curso, por siempre, hasta que el último hombre haya caído.

Polvo de Estrellas

-Es como Nolan cagándola en una película, como que reste un político recto en nuestro gobierno, como un Inmaculado piadoso o Martin firmando un libro al año. Como aguantarse la polla en los pantalones en un burdel en el que todas las putas te reclaman, los senos prietos semi ocultos bajo las manos y, el resto de su cuerpo, tan solo cubierto con su descaro; o incluso en uno en el que no más de una y sin desvestir, ni siquiera te reclama. La lujuria, el erotismo, el falso amor bañado en lujo… Imposible evadir la tentación.

>>>Como intentar alzar el vuelo y no dar de bruces con la realidad, o en su defecto, con los dientes contra el suelo. Como alcanzar la justicia, anhelo humano por antonomasia, hermosa sobre el papel, y por reveses de la ironía, imposible con el ser humano de por medio.

>>Es como no pecar, que al fin y al cabo no es sino pecado, además de imposible. Como una guerra sin bajas, una rosa sin espinas, un amor sin sangre o un poeta sin musa. “Como que llueva sobre el cielo o que cante el gallo en la noche a la mañana”. Como reencarnarse en hormiga ¿Cuán elevada proeza haría merecedor al hombre de tal honor, que no bajeza?

>> Es como detener el tiempo, o rebobinarlo, descongelar a fuego lento los recuerdos y recrearnos en la melancolía de un presente que es pasado. Como viajar al futuro o conocer el devenir de nuestro mundo, que si bien es miseria, es miseria con matices; como ser lo que no eres, saberlo todo o saber nada; como no temer y ser valiente al mismo tiempo. Jodidamente imposible. Nuestro amor bajo tu lápida.

Los seres humanos tendemos al optimismo. A veces olvidamos que la lista de imposibles se extiende hasta el infinito, y que si nuestros sueños y anhelos no aparecen inscritos en ella, más nos vale olvidarnos de ellos. Y es que no somos dioses, tan solo polvo de estrellas.

A Cidade das Meigas

Catedral-de-Santiago-de-Compostela

As cidades son os libros que se escriben cos pés, dixo unha vez un ilustre poeta. Santiago é un deses grandes libros, que por moitas veces que sexan lidos, sempre esconden segredos entre as súas páxinas, ínfimos e inesgotables detalles que os fan verdadeiras obras de arte.

Santiago é un libro de pedra, de pétreas rúas e edificios, cheo de templos, do saber e do espírito. É un libro antigo, de misterio e bruxería, de luces e sombras, de promesas e anhelos. As súas pasaxes máis percorridas son as que xiran en torno á gran dama compostelá, que impoñente e fermosa, disputa o trono á súa compañeira parisiense.

Santiago é un libro, un libro perfumado coas apócemas e beberaxes das meigas e ilustrado coa música dunha gaita e o burbullar do vento que acaricia as árbores. Un libro gravado coa tinta do orgullo no corazón de todos os galegos.